CrónicasLa Bisagra

[Galería] Crónicas del Estallido en Osorno: La Micro Zorrillo y la Catedral

Por Dennys Salazar Ñirril

-¿Te acuerdas de Barros?, dice una.

– Y qué me importa Barros? Hay que respetar a los otros, que están en la misma”, dice otra.

– “Cuidado cabros, la micro”, se escucha desde algunos metros más allá.

Una mancha muy verde oscura, casi negra, pasa frente a la Catedral; es uno de los dos buses de fuerzas especiales y por su lado exhala mierda.

Gritos, humo, una nube se mueve, peste, silencio…

Rabia, Tos, gritos, carraspera, gritos, llanto, rabia, gritos, picazón, gritos, rabia !!!

Gas para todos

Delante, entre y atrás de los pilares de la catedral San Mateo de Osorno varios son los que miran los enfrentamientos entre capuchas y Carabineros. Hay una vista privilegiada, aún cuando también es blanco fácil para una especie desconocida en la zona hasta este estallido social: la “micro zorrillo”.

En sus puertas delanteras, el bus de las Fuerzas Especiales tiene orificios, de unos diez centímetros de diámetro, por los que emerge un tubo que evacua sin discriminación polvo químico. Ay de quién esté al frente. Pero ojo, que también expulsa mierda gaseosa por el tubo de escape.

Ya era la segunda o tercera vez que pasaba, en su afán de despejar el templo católico. Es parte del itinerario de cada noche de protesta en la Plaza de Armas. Luego del fuego de las barricadas, piedras, palos, botellas, láser y las decenas de cuetazos por disparos de lacrimógenas y balines, los “pacos” tenían que dispersar a los “peligrosos” manifestantes de la catedral.

Entre ellos habían personas que no usaban más que sus palabras para protestar o cámaras y teléfonos para registrar; también allí se improvisa un puesto de campaña donde los voluntarios de la Cruz Roja atienden heridos, decenas algunas noches.

Además había religiosas, monjitas como se les dice, y fieles católicos que rezaban por los protestantes y Carabineros. Oraban por la paz, pero también cuidaban su templo, epicentro de otro conflicto social de hace poco tiempo, cuando estuvo por estas tierras el sacerdote Juan Barros.

De hecho, en eso estaban cuando otra vez la micro zorrillo los fue a visitar. Unos capuchas querían dañar la catedral, mientras otros se lo impedían. Discutían sobre justicia y respeto.

Unos se acordaban de Barros, de Karadima, de las violaciones de menores, de los privilegios de la Iglesia; otros les pedían respeto, que no era la forma, que el templo no tenía la culpa de los pecados de otros.

En eso estaban, acalorados incluso, hasta que la micro zorrillo los interrumpió…